MEMORIA

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 locales, un bombardero B-29 estadounidense llamado “Enola Gay” lanzó sobre Hiroshima la bomba atómica “Little Boy”; tres días después, otra bomba, “Fat Man”, cayó sobre Nagasaki Miles de personas guardaron un minuto de silencio en la ciudad japonesa para conmemorar los 72 años transcurridos desde el lanzamiento de la primera bomba atómica. A la ceremonia asistieron también supervivientes de la catástrofe y el primer ministro de Japón,  Shinzo Abe. La bomba lanzada por  Estados Unidos bajo la presidencia de Harry S. Truman, mató a decenas de miles de personas al instante. En Hiroshima causó una deflagración que hizo subir la temperatura en el suelo a 4000 grados centígrados. “Little Boy” provocó ese mismo día y en las semanas siguientes la muerte de 140.000 personas. En Nagasaki, 74.000 personas perdieron la vida.

“La bomba de Dios”, de Eduardo Galeano

En 1945, mientras este día nacía, murió Hiroshima.
En el estreno mundial de la bomba atómica, la ciudad y su gente se hicieron carbón en un instante.
Los pocos sobrevivientes deambulaban, mutilados, sonámbulos, entre las ruinas humeantes. Iban desnudos, y en sus cuerpos las quemaduras habían estampado las ropas que vestían cuando la explosión. En los restos de las paredes, el fogonazo de la bomba atómica había dejado impresas las sombras de lo que hubo: una mujer con los brazos alzados, un hombre, un caballo atado.
Tres días después, el presidente Harry Truman habló por radio.
Dijo:

—Agradecemos a Dios que haya puesto la bomba atómica en nuestras manos, y no en manos de nuestros enemigos; y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y sus propósitos.

Eduardo Galeano

De: “Los hijos de los días”
Ed. Siglo XXI de España Editores