Entrevista a Mahuen Gallo: “El gris del nuevo auge del emprendedurismo”

“El gris del nuevo auge del emprendedurismo”

 Por: Ornella Carusso y Luisa Sánchez. Estudiantes de la Lic. En Comunicación Social de la UNRN

 

Mahuén Gallo es investigadora del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz y tiene una amplia trayectoria en el plano de la Economía Social y Solidaria. En este caso habló acerca del debate actual entre la economía social y el emprendedurismo y cuáles son los cambios que ha tenido esta economía. 

 

 

¿Cuál es el debate que se está llevando a cabo con el emprendedurismo y la economía social?

 

En los últimos dos años, desde el cambio de gestión del gobierno nacional, se dio impulso a una nueva forma de plantear o entender el trabajo en términos generales. De esta manera, se piensa al trabajador lo menos vinculado a un empresario o una empresa que se haga responsable de las cargas patronales como seguridad, vacaciones pagas o licencias. Se vienen dando distintas medidas en contra de lo que son las aseguradoras de riesgo de trabajo, en relación a que los trabajadores se tienen que hacer cargo de los accidentes laborales que puedan llegar a sufrir. De la mano de eso y de desligar a la empresa que se haga cargo de todas las cuestiones de seguridad social, se le da un impulso muy fuerte a esto que se le llama emprendedurismo que es entendido como que aquella persona que tiene una idea brillante y logra ser exitoso. Hay un doble juego un poco peligroso. Por un parte, se hace cargo a ese emprendedor o emprendedora de toda posibilidad de conseguir un empleo; es decir, hay una matriz neoliberal en términos económicos, porque si vos no sos lo suficientemente brillante para tener la idea, no vas a poder conseguir las inversiones necesarias para tu emprendimiento. Por otra parte, se hace cargo a ese emprendedor o emprendedora de todo lo que hace a la seguridad social en términos fiscales; es decir, deja de existir la idea de trabajar colectivamente en cooperativas o asociaciones civiles. Entonces el debate se daría entre estas dos cuestiones, porque desde la economía social llamamos emprendedores y productores a aquellos que justamente buscan producir y transformar con su trabajo bienes y servicios dentro de otras formas de pensar la economía. El gris de este nuevo auge del emprendedurismo es pensarse como un primo de la economía social, pero que en términos concretos se está hablando de algo totalmente distinto.

 

¿Ha habido algún cambio de la economía social de hace 20 años a la de hoy día?

 

Sí. Actualmente, se da lo que se llama la nueva economía social que tiene un anclaje más reciente con la economía social y solidaria. Lo que hace es pensar al trabajo autogestionado como una opción concreta y real en donde se encuentran desde las fábricas recuperadas (que esta economía social tradicional no las tomaba) hasta las cooperativas de trabajo, las cuales son pensadas en base a las experiencias de la agricultura familiar, las formas educativas y culturales. De hecho, el último censo mostró que hay alrededor de 367 empresas recuperadas; es decir, de cooperativas de trabajo que gestionan empresas que fueron recuperadas por sus trabajadores. Hay distintos espacios en todo el país que lo que han hecho es pensar al trabajo desde otro lugar, no como una cuestión de maximizar ganancias, sino como ponerse en el lugar de querer encontrar otra forma de plantear la economía.

 

¿Cuáles fueron los cambios concretos que se dieron a partir del cambio de gobierno en relación a la economía social?

 

Lo que afectó mucho al sector de la economía social, por una parte es todo lo que hace la línea de financiamiento. Pensemos que los sujetos que forman parte de la economía social, no son considerados como sujetos de crédito en un banco o en una financiera. Y si lo son, los matan con un 50% de interés. Entonces, la cuestión de financiamiento es algo que fueron recortando y estoy hablando del Ministerio de Trabajo a nivel nacional, que tenía una línea que se llamaba “del trabajo autogestionado” dentro de la cual había cuatro líneas de financiamiento, desde la reposición de materiales hasta el absorber los ingresos de los cooperativistas por un tiempo determinado. Esa línea quedó solamente reducida a una de las opciones que era poder sostener algún tipo de salario, pero no para reinvertir en materia prima o en capital. Toda la línea de microcréditos de la Ley 26.117 continúa con seguimientos de los fondos rotatorios que siguen existiendo gracias a las inversiones anteriores, pero no se ha inyectado nuevo dinero; por lo menos no hasta el momento. Por otra parte, en el caso de la ley emprendedora y el apoyo al capital emprendedor, se ve claramente que se corre un poco el eje de a quién se está apoyando y ya deja de ser la cooperativa o el espacio colectivo. De hecho, las recuperadas vienen sufriendo embates de expropiaciones sostenidas gracias a que hay una cuestión política y económica detrás. En esos términos, hay bastante desprotección para lo que es todo el sector de la economía social, incluso lo que suponía la Ley de Agricultura Familiar en líneas de financiamiento de apoyo, porque se ha rediseñado quien es el sujeto al que se está teniendo en cuenta y en vez de ser algo amplio y reconocer las trayectorias existentes en los distintos sectores de la agricultura familiar se lo ha limitado, por ejemplo, solamente a aquellos que sean argentinos. Cuando claramente la agricultura familiar es super diversa, donde hay productores y productoras de todos los países trabajando en eso. Los productores de otros países son excluidos a partir de las modificaciones que se hicieron en la ejecución de este tipo de políticas o de las líneas de Cambio Rural, que son líneas de trabajo en territorio con los productores y demás.

 

Eso no significa que clausuran la cooperativa, sino que sacan todos los pilares de apoyatura que tenían, mientras que todo el sector privado no solamente sigue sosteniendo las apoyaturas que tiene, sino que incluso tiene más. Entonces, el estado cuando no interviene en estos términos deja que los grandes se coman a los chiquitos. Por lo menos, yo soy una convencida de que el estado debe tener un rol muy presente en la economía. En ese caso, la gestión nacional en los dos últimos años lo que hace es justamente decir; bueno, nosotros nos corremos y el mercado tiene que actuar y el estado garantizar que las cosas sean o no sean. Esto lo hace en términos más institucionales, pero no en términos de tomar una postura y decir: “A ver, la torta es ésta y la repartida tiene que ser así”. Entonces, eso genera consecuencias en términos productivos en varios aspectos.

 

En base a lo que nos has contado ¿crees que el sector de la economía social le hace falta fortalecerse más?

 

Hay algo que sí es interesante en este contexto y fue el aprendizaje que nos dejó la crisis del 2001. Una de las cuestiones es que en este momento nos encontramos organizados como sector; es decir, todas las redes cooperativas que existen hoy son consecuencia de lo que generó la necesidad de juntarse para hacer frente a la crisis del 2001, hace ya 16 años. De alguna manera genera cierto soporte, ciertas redes, cierta organización que permite aguantar el embate con un poco más de altura. Pero sí, es cierto, que actualmente entramos en un momento en donde por lo menos los actores de la economía social están ante el desafío de poder contar con compañeros y compañeras con los que plantearse este desafío y ver cómo hacer para resolverlo, porque claramente el estado no está presente por lo menos apostando o ayudando al sector. Lo cual genera también debilidades en términos más estructurales, digamos ¿De qué te sirve poder tener una cooperativa si no podés comprar la materia prima para producir las cosas que hacés?. La ventaja es que los aprendizajes del 2001 pueden ponerse a jugar ahora y son como un hilito de esperanza para poder estar un poco más sólidos. No sé si es lo que puede llegar a generar algún tipo de solución, pero por lo menos es algo distinto a esa vez.