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Miercoles 14 de Febrero del 2018 - Noticias

Comienza la Cuaresma: "tiempo de conversión" para la iglesia católica

La iglesia católica comienza hoy el tiempo de Cuaresma.  Se trata de un tiempo de 40 días de preparación a la Semana Santa que culmina con la Pascua,  la Resurrección. En la Iglesia Catedral de Viedma  habrá celebración Eucaristía con imposición de ceniza a las 20.30.

El P. Luis García, párroco de Ntra Sra de la Merced, aporta una reflexión para profundizar en el sentido de este tiempo para católicas y católicos:

Cuaresma, tiempo de cambio y conversión profunda. Fortalecidos en la comunión y comunicación viva con Jesús, llegar a esa transformación en nuestra forma de pensar, sentir y accionar más acorde al Proyecto de Dios Padre manifestado en su Hijo. Los valores del Reino los tenemos tan claramente presentes en el Evangelio, que este tiempo de Cuaresma debe estar marcado por ese deseo de orar con la Palabra, dejarnos cuestionar e iluminar por ella, alimentarnos de cada versículo, de cada gesto , movimiento y mirada de Jesús sobre el otro.
Se habla mucho hoy de la famosa “grieta”, que no es sino el abismo que el mismo pecado del hombre, fundamentalmente el egoísmo, va generando entre país y país, entre una ideología y otra, entre persona y persona, entre diferentes líneas de pensamiento o de acción.
La grieta, el distanciamiento y la ruptura con el otro, no es sino la consecuencia de un estilo o forma de vida a nivel personal, grupal, monopolios de poder etc. que se construye desde lo autorreferencial, el egoísmo, el propio interés por encima del bien común, un centrarme en mi propia comodidad, seguridad o satisfacción sin importar para nada la realidad del otro. Esa autoreferencialidad lleva a una actitud poco cristiana que es la de descalificar sin conocer, condenar sin analizar a fondo las diferentes situaciones y la de aconsejar o dar recetas a los demás sin mirar mi propia forma de vivir.
Acá es iluminadora la Palabra de Jesús cuando nos dice “que antes de ver la paja en el ojo de nuestro hermano que nos miremos, descubramos y saquemos la viga que llevamos en el nuestro.” (Mt 7,5).
La violencia, el odio, la descalificación y la muerte se van adueñando de nosotros. Es el producto de una vida que se construye sobre los valores del neoliberalismo, muy en las antípodas de los valores del Evangelio. Hay demasiados elementos “belicosos” que nos hacen saltar como “leche hervida” frente a la opinión del otro, y más si ataca los intereses que nos dan seguridad, y que nos ubican en un lugar de poder. Los otros dejan de ser amigos, compañeros, hermanos para convertirse en extraños, enemigos, poco fiables, contrincantes,…etc. El prejuicio es el camino más corto que impide cualquier esfuerzo que posibilite el encuentro y el conocimiento, y por tanto el compromiso. Vivo del prejuicio y esa es mi tabla de salvación para vivir de espaldas a los otros. “Ojos que no ven corazón que no siente”, dice nuestro rico refranero popular.
Qué bueno aprovechar este tiempo fuerte de los cristianos para adentrarnos en lo esencial y central de este tiempo: el cambio profundo para vivir la relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos de forma positiva y solidaria.
Demasiada violencia en nuestros corazones. Dios es el único que puede desterrar ese impulso de muerte de lo más intimo de nosotros, transformándolo en impulso de vida; El es quien puede ayudarnos a destruir el mal que esclaviza y oscurece conciencias, manifestado hoy de forma muy viral en el egocentrismo. Primero yo y después yo. Dios puede hacer que nos descubramos como verdaderos hijos suyos y hermanos entre nosotros, constructores potenciales de un mundo diferente al que hoy sufrimos. Dios puede hacer de nuestras relaciones, medio de encuentro profundo con los demás , abriéndonos de esta manera a un crecimiento junto a los otros, única posibilidad para ser felices.
Que en esta Cuaresma, en plena comunión con Jesús, logremos la unidad dentro de nosotros y la fraternidad con los que nos rodean. Tiempos complejos pero a la vez desafiantes para los que nos sentimos discípulos del Maestro.

Tomado del Face de Luis García Rodríguez

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